domingo, 28 de octubre de 2012
lunes, 8 de octubre de 2012
sábado, 6 de octubre de 2012
sábado, 8 de septiembre de 2012
El otro yo ( Mario Benedetti)
Voy a compartir algunos textos que estoy grabando para el programa Aire Libre , lunes a viernes de 10 a 12 hs por Radio Libre www.radiolibre.org.ar
lunes, 20 de agosto de 2012
Danzón porteño
Una tarde, borracha de tus uvas
amarillas de muerte, Buenos Aires,
que alzas en sol de otoño en las laderas
enfriadas del Oeste, en los tramontos,
vi plegarse tu negro Puente Alsina
como un gran bandoneón y a tus compases
danzar tu tango entre haraposas luces
a las barcazas rotas del Riachuelo:
sus venenosas aguas, vivoreando
hilos de sangre; y la hacinada cueva;
y los bloques de fábricas mohosas,
echando alientos, por las chimeneas,
de pechos devorados, machacaban
contorsionados su obsedido llanto.
Alfonsina Storni
amarillas de muerte, Buenos Aires,
que alzas en sol de otoño en las laderas
enfriadas del Oeste, en los tramontos,
vi plegarse tu negro Puente Alsina
como un gran bandoneón y a tus compases
danzar tu tango entre haraposas luces
a las barcazas rotas del Riachuelo:
sus venenosas aguas, vivoreando
hilos de sangre; y la hacinada cueva;
y los bloques de fábricas mohosas,
echando alientos, por las chimeneas,
de pechos devorados, machacaban
contorsionados su obsedido llanto.
Alfonsina Storni
jueves, 26 de julio de 2012
LA AMADA DE LOS MALQUERIDOS
¡Viva el cáncer! escribió alguna mano enemiga en un muro de Buenos
Aires.
La odiaban, la odian los
biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente.
Ella los desafía hablando y
los ofendía viviendo.
Nacida para sirvienta, o a lo
sumo para actriz de melodramas baratos.
Evita se había salido de su
lugar.
La querían, la quieren los
malqueridos; por su boca ellos decían y maldecían.
Además Evita era el hada
rubia que abrazaba al leproso y al haraposo y daba paz al desesperado, el
incesante manantial que prodigaba empleos y colchones, zapatos y máquinas de
coser, dentaduras postizas, ajuares de novia.
Los míseros recibían estas
caridades desde al lado, no desde arriba, aunque Evita luciera joyas
despampanantes y en pleno verano ostentara abrigos de visón.
No es que le perdonaran el
lujo: se lo celebraban.
No se sentía el pueblo
humillado sino vengado por sus atavíos de reina.
Ante el cuerpo de Evita,
rodeado de claveles blancos desfila el pueblo llorando.
Día tras día, noche tras
noche, la hilera de antorchas: una caravana de dos semanas de largo.
Suspiran aliviados los
usureros, los mercaderes, los señores de la tierra.
Eduardo Galeano
domingo, 15 de julio de 2012
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