Les quiero compartir una nota de Orlando Barone publicada por la agencia Paco Urondo http://agenciapacourondo.blogspot.com , aprovechando para agradecerles por dejar publicar este material.
El “no me gusta” argentino se extiende a todos los rubros y todos los géneros. Hay un “no me gusta” explícito y si no latente. Un “no me gusta” atávico. Urbano y gauchesco. Entre nuestras tradiciones habría que agregar el “ no me gusta” de clase media; que es un no me gusta entre la angurria, la histeria, el desgano, la utopía y el capricho. De continuar la tendencia se va a nacer con el no me gusta del nene ante la teta de la madre. Bebitos que si no les dan leche maternal descremada no chupan.
No me gusta la declaración de emergencia agropecuaria. No es suficiente. Tampoco si declararan la “hiperemergencia plena terrestre” ni la hiperemergencia rural espacial planetaria. No me gusta la exención de varios impuestos: deberían eximirlos a todos. Y si derogaran todos los impuestos igual siempre faltaría quitar uno. No me gusta tener que pagar nada al Estado porque cuando reparte no me gustan los que salen beneficiados. No me gusta la sequía; tampoco si la lluvia se excede: porque inunda. No me gusta la lluvia sino es la proporción justa para mis plantas. No me gusta que haya tantos millones de veraneantes que siguen disfrutando la mejor temporada de sol y que únicamente les importe la playa, y que ruegan que no llueva nunca sin tener compasión por la sed de los terneritos.
No me gusta que con tanto calor y sequía, con tanto ventilador y aire acondicionado no haya habido colapso energético y todavía haya luz en la casa rosada. No me gusta que haya crisis en el mundo y que aquí todavía no cause estragos. No me gusta que la presidenta haya ido a Cuba.
Y no me gusta que al final sea mentira que a la fiesta de Obama asistieran presidentes extranjeros porque en realidad no estuvo invitado ninguno. Pero ella es la más no invitada de todos. No me gusta que siga habiendo superávit fiscal y que se sigan pagando los sueldos al día y que no haya hiperinflación y que la noticia más grande sobre el dólar es que aumentó apenas unos centavos.
No me gusta que los enemigos del pueblo ahora sean los porteros: que ganan más que el capitalista Madoff, y que por eso están gordos y duermen la siesta en sus pisos amplísimos. Los que deberían ser más enemigos son los villeros de la villa 31. Que se hacen mansiones casi tan grandes como las de los millonarios de barrio parque y simulan ser pobres y hasta tienen baño en suite con bacha rosada. No me gusta que Lula no se haya peleado con la Presidenta Argentina y encima le sonría como un amigo; no me gusta que haya tantos autos y no me gusta que para circular con el mío tenga que correr tanto riesgo porque cualquiera puede comprarse uno. No me gusta que teniendo el estándar de vida de un monegasco se tenga que vivir aquí esquivando cartoneros. En Mónaco uno solo se roza con príncipes y tenistas ricos.
Está bien: no le gusta y no le gusta. ¿Pero qué es en esencia lo que no le gusta? No me gusta que me guste ni siquiera “algo” de este Gobierno. Y si por ahí me gusta algo, menos me gusta que me guste. Ah. Pero mañana, con tanto disgusto: ¿cómo van a poder gobernar el país sin tener gusto?
jueves, 26 de febrero de 2009
lunes, 22 de diciembre de 2008
De cuando estuve loco
De cuando estuve loco aún conservo
el carné de majara en la cartera,
un plano detallado del infierno,
un cielo con pirañas y goteras,
un prontuario en la comisaría,
un frasco con pastillas de colores,
la carta con la que te despedías,
remedios varios contra el mal de amores.
Ahora voy rumbo al sur a sentar plaza
desdeñando otros puntos cardinales
y el sol encarcelado en la terraza.
Voy rumbo al sur buscando
tus besos espirales.
Atrás dejo kilómetros de afueras,
aire por respirar, luces en rojo.
Hacia donde señalan tus pezones
voy a toda pastilla
dando gas a la moto.
De cuando estuve loco aún conservo
un par de gramos de delirio en rama,
por si atacan con su razón los cuerdos
y un viento fuerza seis de tramontana;
el vicio de escribir por las paredes
pareados de amor, y la manía
de buscarte entre todas las mujeres
que en horas bajas me hacen compañía.
Cuando rozo tus pétalos, nenúfar
que sobrevive en aguas estancadas
saltan chispas, los cables se me cruzan,
se me sube el mercurio
y me salta la alarma.
Mono de ti que me obliga a llevarte
en sobres rojos, liofilizada,
para tomarte cuando me apeteces
a sorbos cortos
donde duele la madrugada.
Te escribo desde un área de servicio
donde sólo me ofrecen gasolina.
Puedes llamarme a cobro revertido
desde la caracola de la esquina.
Tito Muñoz - Joan Manuel Serrat
el carné de majara en la cartera,
un plano detallado del infierno,
un cielo con pirañas y goteras,
un prontuario en la comisaría,
un frasco con pastillas de colores,
la carta con la que te despedías,
remedios varios contra el mal de amores.
Ahora voy rumbo al sur a sentar plaza
desdeñando otros puntos cardinales
y el sol encarcelado en la terraza.
Voy rumbo al sur buscando
tus besos espirales.
Atrás dejo kilómetros de afueras,
aire por respirar, luces en rojo.
Hacia donde señalan tus pezones
voy a toda pastilla
dando gas a la moto.
De cuando estuve loco aún conservo
un par de gramos de delirio en rama,
por si atacan con su razón los cuerdos
y un viento fuerza seis de tramontana;
el vicio de escribir por las paredes
pareados de amor, y la manía
de buscarte entre todas las mujeres
que en horas bajas me hacen compañía.
Cuando rozo tus pétalos, nenúfar
que sobrevive en aguas estancadas
saltan chispas, los cables se me cruzan,
se me sube el mercurio
y me salta la alarma.
Mono de ti que me obliga a llevarte
en sobres rojos, liofilizada,
para tomarte cuando me apeteces
a sorbos cortos
donde duele la madrugada.
Te escribo desde un área de servicio
donde sólo me ofrecen gasolina.
Puedes llamarme a cobro revertido
desde la caracola de la esquina.
Tito Muñoz - Joan Manuel Serrat
miércoles, 3 de diciembre de 2008
El duelo o la refutación del horóscopo
Los dos hombres nacen el mismo día, a la misma hora. Sus vidas no se cruzan hasta que son enamorados por la misma mujer. Entonces se encuentran y se pelean por ella.
Uno de ellos obtiene la victoria y el amor. Al otro le tocan el dolor y la humillación y quizá la muerte.
Los astrólogos han previsto ese día el mismo horóscopo para los dos. Tal vez erróneos vaticinios. O tal vez, se equivoca uno, al pensar que el amor y la muerte son destinos distintos.
Alejandro Dolina
domingo, 16 de noviembre de 2008
La pura verdad
Si ustedes lo permiten,
prefiero seguir viviendo.
Después de todo y de pensarlo bien, no tengo
motivos para quejarme o protestar:
siempre he vivido en la gloria: nada
importante me ha faltado.
Es cierto que nunca quise imposibles; enamorado
de las cosas de este mundo con inconsciencia y dolor
y miedo y apremio.
Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría; tuve
sueños espantosos y buenos amores, ligeros y culpables.
Me averguenza verme cubierto de pretensiones; una gallina torpe,
melancólica, débil, poco interesante,
un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.
Los impulsos mordieron mi juventud y ahora, sin
darme cuenta, voy iniciando
una madurez equilibrada, capaz de enloquecer a
cualquiera o aburrir de golpe.
Mis errores han sido olvidados definitivamente; mi
memoria ha muerto y se queja
con otros dioses varados en el sueño y los malos sentimientos.
El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme,
pero lo he derrotado
para siempre; sé que futuro y memoria se vengarán algun día.
Pasaré desapercibido, con falsa humildad, como la
Cenicienta, aunque algunos
me recuerden con cariño o descubran mi zapatito
y también vayan muriendo.
No descarto la posibilidad
de la fama y del dinero; las bajas pasiones y la inclemencia.
La crueldad no me asusta y siempre viví deslumbrado
por el puro alcohol, el libro bien escrito, la carne perfecta.
Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:
sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido
y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia.
Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor, esta fatalidad que quieta no
sirve y se corrompe.
Puedo hablar y escuchar la luz
y el color de la piel amada y enemiga y cercana.
Tocar el sueño y la impureza,
nacer con cada temblor gastado en la huida
Tropiezos heridos de muerte;
esperanza y dolor y cansancio y ganas.
Estar hablando, sostener
esta victoria, este puño; saludar, despedirme
Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco.
Paco Urondo
prefiero seguir viviendo.
Después de todo y de pensarlo bien, no tengo
motivos para quejarme o protestar:
siempre he vivido en la gloria: nada
importante me ha faltado.
Es cierto que nunca quise imposibles; enamorado
de las cosas de este mundo con inconsciencia y dolor
y miedo y apremio.
Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría; tuve
sueños espantosos y buenos amores, ligeros y culpables.
Me averguenza verme cubierto de pretensiones; una gallina torpe,
melancólica, débil, poco interesante,
un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.
Los impulsos mordieron mi juventud y ahora, sin
darme cuenta, voy iniciando
una madurez equilibrada, capaz de enloquecer a
cualquiera o aburrir de golpe.
Mis errores han sido olvidados definitivamente; mi
memoria ha muerto y se queja
con otros dioses varados en el sueño y los malos sentimientos.
El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme,
pero lo he derrotado
para siempre; sé que futuro y memoria se vengarán algun día.
Pasaré desapercibido, con falsa humildad, como la
Cenicienta, aunque algunos
me recuerden con cariño o descubran mi zapatito
y también vayan muriendo.
No descarto la posibilidad
de la fama y del dinero; las bajas pasiones y la inclemencia.
La crueldad no me asusta y siempre viví deslumbrado
por el puro alcohol, el libro bien escrito, la carne perfecta.
Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:
sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido
y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia.
Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor, esta fatalidad que quieta no
sirve y se corrompe.
Puedo hablar y escuchar la luz
y el color de la piel amada y enemiga y cercana.
Tocar el sueño y la impureza,
nacer con cada temblor gastado en la huida
Tropiezos heridos de muerte;
esperanza y dolor y cansancio y ganas.
Estar hablando, sostener
esta victoria, este puño; saludar, despedirme
Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco.
Paco Urondo
lunes, 6 de octubre de 2008
PARA LEER EN FORMA INTERROGATIVA
Los estados de ánimo cambian , quiero compartir este poema de Julio , que como dice el titulo hay que leerlo en forma de pregunta.
Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...
Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...
Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga...
Has sabido
con cada poro de la piel, sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.
Julio Cortazar
Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...
Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...
Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga...
Has sabido
con cada poro de la piel, sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.
Julio Cortazar
miércoles, 24 de septiembre de 2008
Manejando a través del infierno
Por estos dias va a haber mas Bukowski, describe muchas cosas y sentimientos que concuerdan con los mios actuales.saludos a todos
MSV
la gente está exhausta, infeliz y frustrada, la gente es
amarga y vengativa, la gente está engañada y temerosa,
la gente es iracunda y mediocre
y yo manejo entre ellos en la autopista y ellos
proyectan lo que les han dejado de sí mismos
en su manera de manejar.
algunos más odiosos, algunos más disimulados
que otros.
a algunos no les gusta que los pasen, e intentan
evitar que otros los hagan.
algunos intentan bloquear los cambios de carril.
algunos odian los autos más nuevos, más caros.
otros en esos autos odian los autos más viejos.
la autopista es un circo de emociones
chiquitas y baratas, es
la humanidad en movimiento, la mayoría
viniendo de un lugar que
odia
y yendo a otro lugar que odia todavía
más.
las autopistas nos enseñan en qué
nos hemos convertido y
muchos de los choques y muertes son la colisión
entre seres incompletos, entre vidas penosas
y dementes.
cuando manejo por las autopistas veo el alma de
mi ciudad y es fea, fea, fea: los vivos han
estrangulado
su corazón.
Charles Bukowski
MSV
la gente está exhausta, infeliz y frustrada, la gente es
amarga y vengativa, la gente está engañada y temerosa,
la gente es iracunda y mediocre
y yo manejo entre ellos en la autopista y ellos
proyectan lo que les han dejado de sí mismos
en su manera de manejar.
algunos más odiosos, algunos más disimulados
que otros.
a algunos no les gusta que los pasen, e intentan
evitar que otros los hagan.
algunos intentan bloquear los cambios de carril.
algunos odian los autos más nuevos, más caros.
otros en esos autos odian los autos más viejos.
la autopista es un circo de emociones
chiquitas y baratas, es
la humanidad en movimiento, la mayoría
viniendo de un lugar que
odia
y yendo a otro lugar que odia todavía
más.
las autopistas nos enseñan en qué
nos hemos convertido y
muchos de los choques y muertes son la colisión
entre seres incompletos, entre vidas penosas
y dementes.
cuando manejo por las autopistas veo el alma de
mi ciudad y es fea, fea, fea: los vivos han
estrangulado
su corazón.
Charles Bukowski
domingo, 7 de septiembre de 2008
Otra del viejo Buko, para la semana.
"No hay que lamentarse por la muerte,
como no hay que lamentarse por una flor que crece,
lo terrible no es la muerte,
sino las vidas que la gente
vive o no vive
hasta su muerte"
Charles Bukowski
como no hay que lamentarse por una flor que crece,
lo terrible no es la muerte,
sino las vidas que la gente
vive o no vive
hasta su muerte"
Charles Bukowski
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